Los primos son la raja. Una de las cosas que más me gusta de tener una familia numerosa, es que tengo muchos primos. Por la familia materna somos 22, que fluctuamos entre los 30 años y los 2 meses de edad. En la paterna somos 9, entre 36 y 15 años. Eso es todo un universo de diversión, amor y variedad humana. Los primos son la mezcla perfecta entre lo mejor de tener hermanos y lo mejor de tener amigos: hay un lazo sanguíneo que es potente y maravilloso, pero sin las peleas propias de la convivencia y la saturación de compartir cosas tan básicas como el techo y el amor de los padres y son cómplices de juegos, cagadas y vida, compañeros de vacaciones, carretes y aventuras. Los primos son lo máximo. Yo amo a mis primos, amo que sean tantos y amo verlos y echar la talla con ellos. Uno de esos tantos primos - y de las favoritas*, debo admitir - es el Pez.
Con el Pez tenemos dos años de diferencia (ella es la joven de la dupla) y una historia laaaaaarga como el pelo que, hasta hace no mucho, lucía el mentado pescado. Yo con el Pez siempre lo he pasado porcino, en todas las etapas y edades de mi vida, siempre encontramos cosas con qué divertirnos y gustos y actividades que compartir. Cuando éramos chicas ella iba a mi casa en la mañana, antes de ir al colegio (ella iba en la tarde y yo en la mañana, al mismo e ilustre establecimiento) y yo fingía estar enferma para quedarme jugando con ella. Con cualquier objeto o estímulo éramos capaces de inventar todo un mundo y sumergirnos en él de forma engrupida y comprometida al máximo. Queríamos tener un libro computadora como el de Penny (ídola), la sobrina del inspector Gadget. Tal era nuestro deseo de poseer tan grandioso objeto, que desarmábamos cuanto aparato electrónico en desuso cayera en nuestras manos, sin tener noción alguna de qué carajos hacer con ellos, pero abrirlos y ver los cablecitos, circuitos y cositas pequeñas que había adentro ya nos hacía sentir inventoras/investigadoras/bacanes. Una vez destruimos el pérsonal nuevo de la guagua anré**, recién recibido como regalo de navidad, tomándolo por el antiguo. Nos quiso asesinar. No lo culpo. Con las barbies construíamos los mejores guiones y peladas de cable. En el fondo, jugábamos a cualquier huevada que se nos viniera a la cabeza y gustábamos de pernoctar en el mismo lugar para así prolongar los juegos y peladas de cable.
Con el Pez compartimos el gusto por escribir y dentro de nuestras mejores épocas estuvo aquella en que nos vimos forzadas a mantener una relación vía palabra escrita, dada mi ausencia de un año mientras andaba de visita por las tierras de gringolandia (en las que tuve mis peores momentos en términos de moda). Antes de irme, el Pez me hizo uno de los regalos más tiernos, entretenidos y dedicados que he recibido: un librín. Era un librito/carta que contenía de todo; recortes, palabras tipo dedicatoria/despedida, relatos. Era entretenidísimo y recuerdo perfectamente que tenía un chunchito (este pescado es un pescado futbolero, amante de la U) y que era algo así como el "amiguito" del libro, una especie de compañerito de lectura, como el perrito del word, pero con sentido y adorable, no exasperante. Nos enviábamos cartas y fotos contándonos nuestras mutuas vicisitudes, cartas cuyo contenido ella usa hasta el día de hoy para burlarse de mí. Es que el pescado (y toda su familia, debo agregar) siente cierto placer en el acto de agarrarme para el hueveo. Es cierto que a lo largo de mi historia he dado harto material, pero eso no le da derecho a explotarlo, so cruel. Igual es divertido cuando se ríe de mí, pero es injusto, porque todas las cartas que ella me envió (en las que, de seguro, habría mucho material para burlarme de ella) y aquel estupendo librito del chunchito, desaparecieron en el incendio de mi casa.
A veces esa complicidad y unión entre primos va desapareciendo al crecer, porque los padres ya no te llevan a jugar donde el primito y empieza a depender de uno el verse o no. En nuestro caso, la cosa se pone cada vez mejor. Tenemos rituales y gustos comunes que amamos con pasión (los postres, el sushi, Lost, bloguear, la música, nuestra familia, etc.). Yo al Pez lo encuentro total; es inteligente, cuando era chica lucía un sendo y estiloso afro, tiene un estupendo y semi oscuro sentido del humor, un gran y variado gusto musical, es aperrada y excelente compañera para cuanto panorama a uno se le ocurra, tiene un gran sentido de la estética, lee cosas choris, sus cumpleaños son la raja, es malvada pero dulce, es tierna pero ácida, ama a Beck, tiene amigos entretenidos, se lleva muy bien con mi hijo y tiene un estupendo blog. Si tuviera que recomendar un blog, recomendaría el suyo. Si tuviera que recomendar una prima, recomendaría al Pez.
*Esto de hablar de "el pez" y de "favorita" puede confundir al lector. No se confunda, es bastante simple; mi prima el pez es mi prima, niñita, pero el pez es un ser que, en el mundo virtual, es masculino. Así funcionan los alter ego. Como yo, Llaeweth, niñita, alias el monito, niñito. También es un asunto de estar conectada con el lado masculino de una.
**Hermano de Pez, emprimable***
***Dícese de un entrañable primo. Palabra que me enseñó ni más ni menos que el Pez.



Prima querida: muchas gracias por tus palabras, ciertamente me siento honrada. Y, por otro lado, debemos agradecer a nuestra vecindad la posibilidad de que esta humilde peatona pueda visitarte con una relativa frecuencia (y dejar abandonada su morada cleta en tu hogar toda vez que se larga a llover.)
Pese a mi relativamente buena memoria, no recordaba al chunchito aquél, jaja, qué tierna, bullanguera/subliminal de chiquitita.
Qué buenas pelás de cables que nos mandábamos, todo lo que es haciendo sinapsis creativa... de las mejores infancias de la vida. Apuesto a que sí. Recuerdo también cuando jugábamos con las muñecas de papel antiquísimas de tu anciana vecina, qué manera de pasarlo bien. O escondiéndonos debajo del escritorio del Tata... podríai escribir una historia de nuestro increíble abuelo en freakeando, ajajja, porque él lo vale.
La historia del cachureo-carta está más que escrita, tú lo sabes. En ella procedo a burlarme despiadadamente de ti. Yo sé que tienes una foto mía con ese corte de pelo que me quedaba guau, pero lamentablemente el "protocolo de blogs" del pez te impide subirla. Aunque puedes hacerlo si quieres, con un cuadrado verde hecho en paint en mi rostro, por supuesto. Aunque espera, creo que lo haré yo. Cuando haga el por ti esperado post de cartas.
Te quiero peuca.
-----------------
El Pez