Comienzo el día con el dentista? eso nunca es bueno. Es dolor, es miedo, es vulnerabilidad. La silla del dentista es como una silla de torturas en la que eres sometido a una invasión violenta y poco digna; pareces un idiota con las fauces abiertas, babeando y exigiéndole a tu mandíbula que se mantenga en su condición de cueva para permitir que ingresen instrumentos cuyo sonido ya es angustiante. Es curioso que, además, todos los dentistas tengan el absurdo vicio de hacerte preguntas y proponer tópicos con la ambición de crear un diálogo que carece por completo de sentido, ya
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