Tener dos semanas para terminar la tesis y tener 33 semanas de embarazo a cuestas son dos huevás altamente incompatibles. Principalmente porque, con toda honestidad, mi cabeza no está en la tesis, sino en el embarazo. Tengo una guata gigante que se mueve y yo quiero puro estármela mirando todo el día y estar pendiente de eso y no de escribir huevadas. Sí, huevadas, porque a estas alturas la tesis no es más que un cacho del que quiero salir pronto. No me motiva, no me entusiasma y no le estoy poniendo mucho empeño que digamos. Sólo la estoy haciendo.
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